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Alemania,
a fin de mantener aislada Francia y evitar sus recuperación que pudiera
crear dificultades al desarrollo de la nueva Alemania Unida (manteniendo
Alsacia y Lorena), creó la Alianza Dual con el Imperio Austro-Húngaro.
Más tarde Italia se incorporó a esa alianza "defensiva",
formándose la Triple Alianza. El
papel de Italia en la Triple Alianza resulta, cuanto menos, bastante
incomprensible. Teniendo en cuenta que la pretensiones territoriales
italianas se hallaban en Austria (tradicional enemiga de Italia), la
costa dálmata, Istria (con la ciudad irredenta de Trieste), el Tirol
(con el Paso de Brennero, principal ruta de todas las invasiones desde
el Norte), el ingreso de Italia en la Triple Alianza sólo puede
entenderse desde una cierta frustración y revancha por la la
invasión de Túnez por parte francesa.
Al
inicio de las hostilidades en 1914, Italia se declaró neutral,
alegando que los agresores eran los austriacos y los alemanes
(para compensar la pérdida de este aliado, los Imperios Centrales
consiguieron ganarse a Turquía y, posteriormente,
Bulgaria). Italia
se mantuvo neutral durante 9 meses, entrando en la guerra en mayo
de 1915. El gobierno italiano contaba con una guerra breve que le
permitiera (según las cláusulas secretas firmadas en el tratado
con los aliados) conseguir el Tirol, las ciudades de Trieste y
Fiume (con su importante puerto) con toda la costa dálmata. El
gobierno italiano sabía que no estaba preparado para mantener una
contienda prolongada, pero pronto se pudo comprobar que los
cálculos para conseguir tan bastos territorios para la monarquía
de Víctor Emmanuel en breve plazo resultaron estar equivocados. El
frente entre austriacos e italianos se desarrollaba en un entorno
geográfico de gran dificultad para ambos combatientes. Lo
inhóspito del territorio añadía enormes sufrimientos a los
contendientes.
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Tropas alpinas
italianas intentado el dificultoso ascenso de un cañón de
campaña hasta un nuevo emplazamiento. |
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Por
si fuera poco, las tropas austriacas, que tan mal habían combatido en
los frentes ruso y servio, se mostraron muy competentes y eficaces en su
lucha contra los italianos.
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Para
esas fechas, la necesidad de cascos de acero para los combatientes
había sido comprobada por todos los ejércitos contendientes. E
Italia había iniciado el desarrollo de diversos sistemas de
protección.
Los
italianos se volcaron en la concepción de unos tipos de
protección integral, que incluía grandes corazas además de un
casco. En realidad se trataba de recuperar el concepto de
armadura.
Las
tropas italianas, cuando preparaban un ataque contra las líneas
austriacas, enviaban unas escuadras avanzadas compuestas por
cuatro o cinco hombres "Compagnie della Morte"
para destruir la maraña de alambradas que impedían el avance
de la infantería. Estas escuadras, creadas según una circular de
Comando Supremo del 16 de junio de 1915, fueron conocidas
como "Compagnie della Morte" debido al alto grado
de bajas en su peligrosísimo cometido. (*) |
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Reclutados entre hombres
de Infantería e Ingenieros, fueron equipados extraoficialmente
con complejas armaduras que incluían petos, hombreras, rodilleras
y cascos de acero y fuertes botas de cuero, y tras un corto periodo de adiestramiento, eran
enviados a colocar cargas explosivos entre las alambradas
enemigas. Su misión era abrir brechas en las defensas hasta
formar pasillos por los que pudieran progresar los ataques
propios.
Tanto
las corazas como los cascos se fabricaban en Milán, en la calle
Ruffini nº 10, en la
factoría del ingeniero Ferruccio Farina. La coraza, formada por 5
planchas de acero dulce laminado de 1 a 1,5 mm., compactadas mediante una serie de 25
remaches (las placas principales tenían forma trapezoidal de 30
cm. de alto por 40 cm. de ancho unos 6 mm de espesor), se completaba con el casco que
conserva el nombre de su diseñador y fabricante, el Mº Farina. |
Los
productos de F. Farina solían llevar un sello ovalado en los que se
marcaba la talla, rodeada de la referencia del fabricante: I (o
II) TAGLIA * ING. F. TARINA * VIA RUFFINI 10 MILANO *
Aunque
las escuadras de la muerte, debido al enorme peso y engorro de aquélla armadura (9.250 g.) pronto prescindieron de ella, el casco prevaleció,
pese a sus limitaciones.
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El casco Farina fue fabricado en
dos tallas. Inicialmente la mayor contaba con una escotadura para
facilitar la visibilidad. Sus pesos oscilaban entre 2.650 y 2.850 g.
en la talla I, entre 1.680 y 1880 g. la talla II. En
cualquier caso resultaban insoportables.
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Apreciable
diferencia entre los cascos Mº Farina de talla
grande (modello alto) (I) y talla pequeña (modello
ridotto) (II). Col: Museo de
Historia Militar de Hungría. |
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El
casco Mº Farina se conforma sobre una gruesa cazoleta ligeramente
ovalada de chapa batida. Dos bandas de chapa, una estrecha, de 4
cm., que la circunda posteriormente y otra frontal de mayores
dimensiones, 12 cm. (8 cm. en la talla II), ésta formada por 4
chapas remachadas, quedan fijadas mediante remaches, consiguiendo
un casco sólido pero primitivo.
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Casco
Mº Farina de talla grande (I). |
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Remachado interior de
las bandas y la cazoleta superior. |
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La
placa frontal, con recorte ocular, o sin él, era la base del
diseño del casco Mº Farina. Con una abertura frontal de
forma trapecial de 35 mm de alto y 90 mm. de ancho en los cascos
de talla grande (I), resultó de mayor eficacia en su diseño, lo
que apremió la adecuación de los nuevos cascos de la talla
pequeña (II) en la que también se efectuó el rebaje para
mejorar la visión.
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Casco
Mº Farina Mº I. Col: Museo de Historia Militar de
Hungría. |
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Unas
pletinas laterales permitían la fijación de un recio barboquejo
de cuero.
Además
se comprobó que la falta de aireación hacía aún más difícil
su utilización. Debido a ello fueron variados ambos tipos de
cascos, abriéndoles lateralmente unas ranuras que facilitaban la
renovación del aire. A causa de que estos cascos
se colocaban sobre el gorro reglamentario, y posteriormente se
entregaron unos gorros acolchados (cappellotto), o simplemente de paño
grueso (no existió un modelo normalizado para ello), la
aireación era imposible en cualquier caso.
El
color habitual fue el verde gris o el verde claro. |
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También
se recortaron algo las líneas de las planchas para ofrecer un diseño
menos tosco. La última modificación consistió en la adaptación de
una cimera similar a la utilizada en los cascos franceses Mº 15 Adrian.
(**)
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A
pesar de todos los intentos por mejorar y aligerar el casco Mº
Farina, pretendido con la fabricación de
un modelo más ligero denominado "casco de trinchera", la
demanda del ejército se dirigía a un casco de las características del
Mº Adrian francés cuando éste empezó a equipar a los soldados
galos.
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El barboquejo era
sencillo, con hebilla. Cortesía: S. Cameron |
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Si
bien en un principio se aceptaba que la resistencia del casco Mº Farina
a un proyectil de 6,5 mm de un fusil italiano Mº .... era adecuada,
pronto se descubrió su insuficiencia frente a los fusiles alemanes o
austriacos, que lo perforaban con gran facilidad.
(***)
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Casco "Farina"
atravesado por un par de proyectiles frontales, que
evidencia su falsa seguridad. Foto R. Klokocnik. |
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Todos los intentos de acoplar sistemas de herencia medieval
fueron pronto abandonados y, entre ellos, los cascos Farina. Había
empezado la era del casco Adrian de forma irreversible.
(****)
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En esta
fotografía, una de las más conocidas de un combatiente
italiano protegido con casco y coraza Farina, se
utiliza como demostración de cómo no debía utilizarse el
equipo. Tanto el casco como la coraza están colocados de
forma inadecuada (aunque este artillero seguro que sabía de
dónde podía llegaba la metralla y las esquirlas). |
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Finalizando
octubre de 1915 empezaron a recibirse cascos franceses. Primero con los
colores y hasta los emblemas propios del ejército francés, en
cantidades muy limitadas, dosificándose de forma escandalosa (6 cascos
por unidad). Eran las primeras entregas de un pedido de 1.800 unidades.
Pronto se conseguiría su entera y total generalización.
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